¿Cuál es el toro de Aguascalientes?

Juan Antonio de Labra - 18/05/26

Domingo, 17 May 2026.- CDMX. Una de las encomiendas más importantes de cara al futuro.

La Feria de Aguascalientes sigue clamando por -su toro-; es decir, un toro que vaya acorde con el espíritu de la plaza Monumental, de su afición, y del toreo que se espera se haga en este gran escenario donde cada año se dan cita aficionados de todo México, y también varios del extranjero, así como el típico público feriante –y por lo tanto festivo– que es el que suele llenar la plaza en las tardes de mayor relieve.

Y es que a lo largo del Serial Taurino saltaron al ruedo varios toros de un magnífico trapío, acorde con lo que se pretende; otros, los menos, con unas hechuras y unas caras más cerca de lo que se lidia en la plaza -Nuevo Progreso- de Guadalajara; y otros más con una morfología más propia de la plaza -La Luz- de León, las tres plazas referenciales de la empresa en el centro de país.

Considerando que la Feria de San Marcos goza de mucho prestigio, sería imperativo que exista una corresponsabilidad más acuciosa entre la empresa, los apoderados de las figuras y la autoridad municipal –representada por el juez de plaza–, para encontrar ese toro y que sea apartado a un año vistas, con la finalidad de procurar que los ganaderos, dependiendo de la naturaleza de la plaza, procuren igualar las corridas lo máximo posible.

Marco Garfias, ¿para el año entrante?

El encierro de José Garfias no sólo tuvo mala suerte en el reconocimiento y luego en el ruedo, pues de los toros enviados por los hijos del ganadero potosino, sólo se aprobaron tres y uno se mató al estrellarse de salida en un burladero. El escaso trapío de los dos restantes desmerecía con la categoría de la plaza y fueron protestados.

Esta corrida se parchó con tres toros de Marco Garfias, el primero de Pepe, y uno de ellos dio buen juego. Se llamó -Jubileo-, número 17, y le tocó en suerte a Alejandro Adame, que le hizo una faena entre altibajos y casi se lo deja vivo luego de sus repetidos fallos con la espada.

No sería mala idea pedir a los hijos de Marco que prepararan una corrida completa para el año entrante, pues tras su buen paso de hace un par de años en la Plaza México, y lo que mostró -Jubileo-, sería una ganadería a tomar en cuenta para la feria de 2027 si acaso prepara una corrida completa que, en términos de presentación, cumpla con los requisitos de trapío para ser lidiada.

Dos ganaderías -gemelas-.

De todos los encierros lidiados, tres en concreto fueron los más parejos en hechuras dentro de los toros que enviaron. Curiosamente, dos ganaderías "gemelas", como son Tequisquiapan, de don Fernando de la Mora, y De la Mora, de Luis Alberto Villarreal, así como la de rejones que envió Marrón. En el resto de tardes hubo cierta disparidad de presentación y hechuras, no sin que por ello se lidiaran ejemplares que dieron muy buen juego y tuvieron prestaciones de sobra para el lucimiento de los toreros.

En este sentido, quizá la corrida más completa haya sido la de De la Mora, sobre todo porque tenía un trapío muy acorde a su estirpe. Y lo más significativo de todo fue que los toros fueron los que dieron un juego más espectacular en varas, algunos de los cuales hasta fueron dos veces al caballo, amén de que desplazaron con sobrada soltura los más de 550 kilos –algunos hasta muchos más– que cargaban sobre los lomos, en una prueba fehaciente que, cuando un toro es realmente bravo, y tiene la caja para soportarlos, se mueve sin ningún problema sin desfondarse físicamente. Por lo tanto, esta fue una señal de que el alumno le salió bueno al maestro.

De los seis, sobresalió sobremanera -Arrojado-, número 189, que pesó la friolera de 600 kilos (paradójicamente el de más kilos de toda la feria) y mantuvo su tono de bravura de principio a fin, con una profundidad en las embestidas que ahí quedó. Premiado con un arrastre lento que debió ser una vuelta al ruedo, su memoria permanecerá en la retina de quienes lo vieron, quizá con más trascendencia que la faena que le hizo Emilio de Justo, que le cortó dos orejas tras una estocada antológica.

De este encierro también sobresalió -Combativo-, número 187, con 590 kilos, un toro bravo, más para el gusto del ganadero que del torero, en este caso Luis David, que no acabó de comprenderlo del todo para haberlo cuajado como el toro se merecía.

En consonancia con la alzada y el peso de los toros de De la Mora, la corrida que trajo Fernando de la Mora también tenía lo suyo, la primera parte de la misma fue la más esperanzadora de todas, con tres toros para el recuerdo, especialmente el que abrió plaza, -Santander-, número 52, con 525 kilos que le tocó a Daniel Luque, y el espectacular -Andrea-, número 56, con 558 kilos, que sorteó Diego Sánchez, y que fue un toro que bien pudo haber merecido el indulto, pues ya se sabe que en manos de un ganadero tan talentoso, independientemente de su pedigrí, podía haberle servido para convertirse en semental.

De las cualidades de -Andrea-, bautizado así en honor de don Juan Andrea, cabe resaltar su intensa movilidad, la forma de rebosarse y salir de la muleta más de metro y medio en su recorrido, y una duración exacta acorde a esa forma de embestir con tanto ímpetu, siempre humillado y con calidad.

-Vida Mía-, el trapío del toro ideal.

Begoña lidió una corrida interesante, con tres toros con el hierro de San Miguel de Mimiahuapam, de los que dos tenían las clásicas hechuras y el comportamiento de esta divisa hermana de la primera. Sin embargo, el mejor fue -Vida Mía-, número 181, con 521 kilos, el toro prototípico de Begoña en Aguascalientes a lo largo de los años, y que dio un magnífico juego, por su calidad y duración, en la muleta de Leo Valadez. Este toro, por su tipo, hechuras y peso, es el que quizá se acerque más al prototipo de toro que necesita la Feria de San Marcos.

Otros de los toros de encaste San Mateo-Llaguno, muy en el tipo de su ascendencia, fueron el noble -Triguero-, número 14, con 512 kilos, que tocó en suerte a Juan Pablo Sánchez, que le hizo una de las tres mejores faenas de la feria, mientras que el hermoso -Tamborazo-, número 34, con apenas 488 kilos, del hierro de Pozohondo, tenía unas hechuras para una pintura, y fue un fiel representante de lo que esta casa ganadera pretende seguir siendo, en un sentido homenaje a Torrecilla y su glorioso pasado.

Otra de las corridas parchadas.

La penúltima corrida de la feria se anunció de dos hierros, procedentes del encaste San Mateo-Llaguno, vía Reyes Huerta y Teófilo Gómez, respectivamente: Campo Real y Santa Inés. La primera divisa lidió, en primer término, un toro alto, hondo y con caja, llamado -Luz de Luna-, número 868, con 552 kilos que sacó un interesante fondo de nobleza.

Por su parte, la ganadería de Isaac García, sorprendió con el bravo -Orgulloso-, número 152, con 511 kilos, que también le tocó a Antonio Ferrera, que esa tarde se llevó uno de los lotes (aunque compuesto por dos toros de distintas ganaderías) con más prestaciones de conjunto en el Serial Taurino.

Dos toros sobresalientes para rejones.

Y aunque se sabe que la exigencia para los toros en las corridas de rejones pueda sr menos que en la a pie, sin la existencia de la quebrantadora suerte de varas, el encierro de Marrón de la última corrida de feria tuvo dos toros importantes: -Pensador-, número 30, con apenas 475 kilos (uno de los de menor romana de la feria que dieron gran juego) y otro bautizado como -Pata de Gallo-, número 10, con 515 kilos, que fue igualmente bravo y repetidor, cualidades tan propicias para favorecer la espectacularidad del toreo a caballo.

Uno lo sorteó Emiliano Gamero y el otro Guillermo Hermoso de Mendoza, que hicieron lidias completas, intensas y de gran calado en el público, ante tan buenos ejemplares que embistieron de manera infatigable detrás de sus respectivos caballos.

Corlomé, una enseñanza.

Como la ganadería de Corlomé tiene un sello propio muy bien definido, y había sido la ganadería triunfadora de años recientes, merece un análisis por separado. Y aunque el juego de sus toros no fue lo esperado, ni tampoco la excelencia de su trapío, es innegable apuntar un toro notable, el encastado -Ocho Columnas-, número 49, con 523 kilos con el que Víctor Hernández hizo su debut en suelo mexicano.

Corlomé tiene bien ganado un puesto en esta feria, por ser hoy día una de las ganaderías más representativas de la región, pero si el año entrante no tiene un encierro más parejo y mejor presentado, es preferible que dé un paso a un costado y espere el tiempo necesario para tener reseñada una corrida como mandan los cánones.

La ética ganadera que caracteriza a don Sergio Lomelí y su hijo del mismo nombre lo merece, pues los dos son dignos representantes de una de las casas ganaderas más antiguas en activo, con tres generaciones criando toros en la ex hacienda de La Paz.

 

Juan Antonio de Labra | Infografía: LM 

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